#OrigiReto2018 [Enero]


¡Aquí van mis dos relatos de enero para el #OrigiReto2018 creado por No soy adicta a los libros y La Pluma Azul de Katty! Si queréis saber más acerca del reto, aquí tenéis las bases. ¡Espero que os guste!






Vuelvo a pasar de página y me encuentro con la imagen de una gallina. Sonrío para mis adentros, pues ésta, al contrario que el dibujo anterior –un elefante- es fácil de imitar. Tomo aire teatralmente y comienzo a cacarear, ganándome una merecida carcajada de mi hermana.

—¡Otra vez, otra vez! —ruega, tirando de mi manga. Pongo los ojos en blanco pero, como siempre, termino rindiéndome a su súplica.

En esta ocasión ríe tan fuerte que los gritos que se oyen en el salón pasan a un segundo plano y yo se lo agradezco silenciosamente apretándola más contra mi pecho. Aunque me cueste admitirlo, las discusiones me duelen tanto como a ella. Pero yo soy el mayor y si tengo que cargar con ese peso a la espalda por los dos lo haré.

Desde que encontré aquel viejo libro en el desván, el momento de irnos a dormir se ha convertido en la aventura más grande de todas. Cada noche repasamos uno a uno los dibujos de los animales mientras yo los imito o invento historias para ellos. Sin embargo, soy consciente de que estos ratos de evasión no podrán durar eternamente, pues mi imaginación es bastante limitada y mi hermana pronto se cansará. Ya en algún momento se ha quejado: “¡esa ya me la has contado!” o “la tortuga acabó ganando, ¡me la sé de memoria!”. Esto no es más que un oasis en nuestra vida, un pequeño refugio al que acudir y que pronto se desvanecerá ante nuestros ojos. Pero, de vez en cuando mis dedos se posan sobre las letras que acompañan a las imágenes y una leve llama de esperanza se enciende dentro de mí. Me obligo a deshacerme de ese pensamiento y dejo que la realidad lo oculte para que no haga daño. Pero cuando el día toca a su fin y la luz de las velas se extingue, sólo quedamos mi sueño y yo. Le dejo acariciarme y jugar con mi pelo mientras me susurra que el futuro es más que el pozo sin fondo en el que nos encontramos. Promete y promete y yo le creo porque quiero hacerlo. Así, con una sonrisa en los labios, caigo rendido a la noche con el eco de su voz aún haciéndome cosquillas.

—Ojalá fuéramos ricos —dice mi hermana de repente, alejándome de mis cavilaciones.

—¿A qué viene eso ahora?

—Es por lo que siempre discuten, ¿no? Por el dinero —afirma y a mí no me queda más remedio que asentir. De repente siento como si hubiese crecido un par de años y no fuera la pequeña a la que tengo que acunar por las noches para que no tenga pesadillas. Le revuelvo el pelo para quitarle peso a sus palabras pero ella sigue mirándome con una madurez impropia de su edad.

—Tú no tienes que preocuparte por eso. Papá y ella -soy incapaz de llamarla de otra manera- se encargarán de todo.

—¿Por qué no pueden ser felices con lo que tenemos? —pregunta con la voz quebrada.

—Yo no… No lo sé, pequeña —intento mantener la compostura y fingir que no entiendo por qué se sienten así. Cómo hacerle comprender a una niña de 10 años que esto no es lo que papá quería para nosotros. Quería más que esta casa en medio de la nada, quería más que ese trabajo suyo con el que apenas podemos subsistir, quería que tuviésemos una educación y poder ir a la escuela con unos zapatos por los que no se colara el frío en invierno. Quería y sigue queriendo todo eso para nosotros pero no puede dárnoslo.  

—Qué harías tú si fuéramos ricos, Hans?

La pregunta me pilla desprevenido pero cierro los ojos y dejo que esa posibilidad me inunde. De nuevo, mi sueño se cuela bajo mis pestañas y le dejo hacer. Su caricia se vuelve más real que nunca y lo que anoche no era más que un eco es ahora un claro grito al cielo. La pequeña llama de esperanza se torna incendio y convierte mi pecho en un nido lleno de pájaros.

—Iríamos a la escuela —tan sólo de pensarlo mi piel se eriza. Inevitablemente, sonrío. La simple mención de esas palabras me hace feliz. Ir a la escuela. 

—Venga ya! ¿En serio? De todas las cosas que podrías elegir y escoges… ¿Eso?

—Sé que no lo entiendes, G —le planto un beso en el pelo— pero es lo único que quiero. Es lo único que nos puede sacar de aquí.

—¡Pero yo no quiero estudiar!

—¿Qué me dices de aprender? ¿No te gustaría saber leer? Mira —le señalo en el libro que aún tengo entre las manos el pequeño espacio dedicado a las palabras—. Aquí hay todo un mundo. Está ahí y no podemos llegar a él, ni siquiera podemos rozarlo. Dime, G, ¿no estás cansada de mis historias? ¿No querrías más?

Se queda callada y siento como mi sueño me abandona y la coge de la mano a ella. Es su momento de volar. Cierra los ojos y se deja llevar durante unos instantes. Una sonrisa tímida empieza a asomar en sus labios y yo me vuelvo su espejo. Conozco la sensación muy bien, vivo con ella a diario.

—Quiero más, Hans –abre los ojos por fin y en ellos veo el mismo brillo que en los míos. No hay vuelta atrás una vez mi sueño te toca—. Quiero más —siento en el pecho una punzada pero no digo nada. Todo sigue igual que antes. La riqueza no es más que una suposición que ha traído a la luz todo lo que mis noches callan. Y ahora su cabeza está tan llena de pájaros como la mía.

—Lo siento —me lamento.

— Por qué?

No sigo hablando porque no puedo. Las palabras no alcanzan para darle forma a mis pensamientos. Así que la abrazo y le acaricio el pelo mientras tarareo la nana que solía cantarnos papá. Una vez dormida me atrevo a susurrar:

—Algún día… Quizás.





—¡Corre, Hans! —grita tirando de mí hacia la puerta—. ¡Por favor, corre!

—Ha muerto —sentencio, mirando al horno y cómo las llamas siguen consumiéndola—. Ya no tienes nada que temer. Vamos a salir de aquí pero antes tenemos que coger todo lo que podamos, ¿vale? No podemos volver a casa con las manos vacías.


A pesar de que sigue temblando, asiente y se decide a acompañarme a explorar la casa. Mientras avanzamos por las habitaciones no puedo evitar arrugar la nariz ante el olor dulce que desprenden todas ellas. Curiosamente fue lo que nos llevó aquí en primer lugar y ahora, días después, no puedo más que sentir rechazo y ganas de abandonar este infierno cuanto antes.

—¡Aquí, aquí! —grita mi hermana desde la habitación.

Corro hacia ella y me la encuentro de rodillas frente a un cofre a los pies de la cama. El corazón va a estallarme en el pecho si finalmente se trata de lo que ambos estamos pensando. Gretel no puede contenerse más y lo abre, dejándonos a ambos cegados por lo que encontramos en su interior.

—¡Joyas! —celebramos los dos al unísono.

Mientras ella juguetea con los collares de perlas y los diamantes, yo me quedo mirándola, petrificado. Las lágrimas empiezan a deslizarse sin control sobre mis mejillas y emito un par de sonidos ahogados. Gretel se percata de mi estado y se levanta para abrazarme. Cuando nos separamos nos miramos con los ojos llenos de alegría sin poder creernos lo que está ocurriendo. Hace un par de días fantaseábamos con la mera posibilidad de tener dinero y poder, por fin, ser felices. Y ahora… Ahora estamos más cerca que nunca de conseguirlo.

—Volvamos a casa.

† † 


—¡Vamos a llegar tarde! —grito desde la puerta. Hace ya rato que tendríamos que haber salido de casa pero, como siempre, a ella se le han pegado las sábanas.

Apoyado contra el marco de la puerta, dejo que mi mirada vague por el bosque pensando en todo lo que nos aguarda una vez lo crucemos. Parece mentira que hace unos meses nuestra vida quedara limitada por cuatro paredes y ahora tengamos tanto al alcance de las manos.

—Lo has conseguido –oigo a mi padre decir a mi espalda. Me giro y me doy de bruces con su abrazo—.Siento no haber podido ser yo quien…

—Papá —le corto. Sé por dónde va encaminada la conversación y no quiero que vuelva a entrar en el mismo bucle de culpabilidad de siempre—. Tú siempre nos has dado todo lo que tenías. Nos has dado un techo bajo el que resguardarnos y una comida caliente en la mesa todos los días. Nos has dado una cama en la que dormir y un abrazo al que acudir cuando lo necesitamos.

—Pero he cometido muchos errores y casi os pierdo porque…

—La querías papá, no puedes pedirnos perdón por eso. Además, la echaste de casa cuando descubriste lo que nos hizo, ¿no es cierto?

—Sí pero…

—Y si no nos hubiese abandonado en medio del bosque ahora mismo Gretel y yo no tendríamos la oportunidad que tenemos. Ella ya no está aquí, pero nosotros sí. Vamos a disfrutarlo, sin más -le sonrío y no hace falta que diga nada más para que entienda que su batalla está perdida. Tanto Gretel como yo lo perdonamos cuando volvimos a casa y sólo lo encontramos a él esperándonos.

Por fin la pequeña de la casa aparece a mi lado con la mochila colgando y papá da por concluida la conversación. Asiente, dejando que las palabras que le quedaban por decir se descuelguen de sus labios y se pierdan.

—¡Pasadlo bien en vuestro primer día! —nos despide revolviéndonos el pelo.

—Descuida, papá —concluye Gretel mientras se encamina hacia el bosque.

Mientras la ve marcharse con lágrimas en los ojos, me pongo de puntillas y le beso la mejilla.

—Voy a sacarnos de aquí —le aseguro y, antes de que pueda responder, ya me encuentro corriendo tras mi hermana.

†††

—¿Necesitas ayuda? —me acerco a su mesa y, tras un vistazo, me doy cuenta de lo bien organizado que lo tiene todo. Suspiro ante lo innecesaria que ha resultado al final mi pregunta pero él me sonríe y me señala uno de sus papeles.

—¿Puedes comprobarme si todos los libros de esa lista los han devuelto? —asiento y, sin más dilación, lo cojo y me acerco a la estantería donde debería estar el primer libro. En efecto, allí está.
Sigo revisando la lista mientras mi mente decide volar a otro lado. Hace apenas unos años que nuestra biblioteca está en marcha y desde entonces cada día despierto sabiendo que fue la mejor decisión de nuestra vida.

Poco después de terminar la escuela Gretel y yo comenzamos a darnos cuenta de cuán afortunados habíamos sido y también a reparar en todos esos niños que, por desgracia, no contaban con ese golpe de suerte. Así que, después de darle muchas vueltas, decidimos hacer buen uso de nuestro dinero y comprar la casa que fue el origen de todo: la de los dulces. La despojamos de nuestras pesadillas, reformando hasta el último rincón para convertirla en nuestro particular paraíso. Una biblioteca abierta para todos y para todas.

La bautizamos como “Dulces palabras” y, con el tiempo se convirtió en el refugio al que mi hermana y yo soñábamos haber acudido de pequeños. Ahora, papá es quien organiza el inventario, Gretel se encarga de las sesiones de cuentacuentos con los más pequeños y yo de enseñar a leer y a escribir a los más mayores que, por una razón o por otra, no pueden ir a la escuela. Aún recuerdo cuando me llamaron “maestro” por primera vez y también el gracias de aquella niña que, tras ser capaz de leer una palabra, pudo empezar a contarle cuentos a su hermano pequeño. Me recordó a Gretel y a mí, tantos años atrás, abrazados a aquel viejo libro. Quién nos hubiese dicho entonces que aquel sueño que nos acunaba todas las noches sería el primero de muchos en hacerse realidad.



ETIQUETA #ORIGIRETO2018 (ENERO)

3 comentarios:

  1. ¡Hola!

    Bastante bien hilados, la verdad. No habría pensado así en un principio enfocar el tema del millonario con un simple, ir al colegio, pero bueno, tienes toda la razón. Es lo primero que abre puertas en el mundo.

    La segunda parte de la historia me ha parecido muy emotiva, con los niños abriendo la biblioteca para que otros puedan tener lo que ellos no tuvieron. Hasta la segunda parte no me di cuenta de que se trataba de Hansel y Gretel jeje.

    Enhorabuena por completar el mes, ¡ahora a por los siguientes!

    Una cosa, he visto que usas los guiones que no son correctos en tus diálogos. en este tweet (y el siguiente) expliqué varias formas de poner el guión largo que se debe usar para los diálogos. El que tu usas en tu relato varía entre un menos y uno intermedio, pero no es el largo.

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  2. Hola! Que buen ejercicio de redacción! me ha sorprendido cuando pasé al segundo relato y caí en la cuenta de que era Hansel y Gretel. La primera historia podría haber sido desarrollado en cualquier ámbito, así que me sorprendieron muchos los demás relatos.
    Muy entretenido! suerte con los próximos desafíos!
    Saludos desde El Refugio del Dragón de Tierra!

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  3. Muy chulo, un texto limpio fácil de leer y entender y por supuesto, bien redactado. Los dos ejercicios bien, ya que a pesar de basarse en un cuento popular, respeta uno de los puntos del ejercicio 10 al presentarlo como algo realista. Bien, me ha gustado, sí. Me ha sonado raro al final lo de "Me hizo recordarnos...", pero tampoco estoy segura de si es incorrecto :S
    Aceptados y contados tus 10op!

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